El Vuelo Sombrío. En esta entrega, el artista retoma la silueta dinámica del ave en planeo, pero con un cambio drástico en la paleta de colores. El plumaje, que antes lucía tonos ocres, se presenta ahora en una escala de grises profundos y azulados, resaltando la elegancia del espécimen bajo una luz más fría. El contraste con el blanco del pecho sigue siendo el eje central que aporta volumen a la figura. Las alas, extendidas en una diagonal perfecta, mantienen la tensión y la gracia del movimiento. El fondo azul pálido, casi etéreo, acentúa la sensación de altitud y la soledad del vuelo. Es una pieza que demuestra cómo la variación cromática puede transformar por completo la carga emocional de una misma composición.