Praderas de Oro. En esta composición, el artista emplea una técnica de pincelada lineal y expresiva para dar vida a una vasta pradera. El primer plano está dominado por hierbas altas en tonos amarillos y ocres que parecen mecerse al viento. En el centro, una mancha de verde vibrante sugiere una zona de mayor humedad o pasto fresco, que guía la mirada hacia una cadena de montañas escarpadas y de tonos terrosos en el horizonte. El cielo, pintado con trazos dinámicos en violeta, azul y amarillo, sugiere un atardecer lleno de luz y movimiento, unificando toda la escena con una atmósfera cálida y silvestre.