el artista nos traslada a la serenidad de los Lagos de Covadonga, en el corazón de los Picos de Europa, Asturias. La escena está protagonizada por un lago de alta montaña de aguas color turquesa pálido, rodeado por la característica vegetación verde de la zona. La técnica utiliza pinceladas gestuales que definen la orografía accidentada de los Picos, con crestas rocosas y laderas que se pierden hacia un horizonte de montañas lejanas. El cielo, de un azul suave con nubes desdibujadas, refuerza la atmósfera fresca y pura de la montaña asturiana. Es una pieza que captura la belleza natural y salvaje del paisaje asturiano sin intervención alguna, destacando por su luz y su amplitud visual.