. En esta pieza, el artista explora la simetría perfecta a través de un atardecer radiante. La obra se aleja de la figuración para centrarse en la energía del color, utilizando trazos dinámicos que parten del horizonte hacia los extremos de la composición. La paleta de naranjas intensos, violetas y azules se duplica en la parte inferior, creando una sensación de inmensitud y calma acuática. Destaca la franja de nubes blancas en el centro-izquierda, cuya textura densa rompe la linealidad del horizonte y aporta un punto de interés táctil a esta visión poética de la naturaleza.