En esta lámina, el artista captura el despertar de la naturaleza con una técnica gestual y expresiva. El protagonista es un sol radiante que asoma por detrás de una cima, inundando el cielo con tonos rosados y malvas muy suaves. Las laderas de las montañas están construidas mediante una superposición de trazos rápidos en tonos verdes y ocres, lo que confiere a la escena una gran vibración táctil y orgánica. Es una obra que transmite optimismo y la serenidad propia de las primeras luces del día en un entorno salvaje.