La Soledad del Centinela. En esta ocasión, el artista opta por una estética minimalista en escala de grises, evocando la técnica del carboncillo o la aguada. La composición presenta una serie de colinas suaves y onduladas que se desvanecen hacia un horizonte neblinoso, creando una profunda sensación de melancolía y silencio. El punto focal absoluto es un árbol solitario que corona la cima de la colina central, alzándose como un centinela silencioso frente a la inmensidad del paisaje. La ausencia de color resalta el juego de luces y sombras, donde la sencillez de las líneas invita a la reflexión y a la calma interior, capturando la belleza de lo austero y lo esencial.