Retrato de Infancia en blanco y negro. Esta versión de la obra prescinde del color para centrar toda la fuerza expresiva en el contraste y la forma. La técnica utiliza pinceladas digitales que varían desde grises profundos en el cabello hasta blancos luminosos en el rostro, creando un modelado suave que resalta la estructura infantil. Al eliminar las distracciones cromáticas, la mirada adquiere un peso narrativo mucho mayor, transmitiendo una sensación de nostalgia y atemporalidad. El trazo suelto en los bordes sugiere que el recuerdo está en proceso de formación, mientras que la nitidez de los ojos ancla la imagen en el presente del espectador. Es un estudio sobre la memoria y la identidad a través de la luz y la sombra.