"El idiota" de Alberto Cortez retrata a aquel personaje que, desafiando la lógica de los sabios, decidió que quería volar. Vemos la figura suspendida en un cielo luminoso, en ese instante de gloria donde logra despegarse de la tierra y de las convenciones. Los trazos amarillos y blancos crean una atmósfera de sol y libertad, capturando la esencia de quien es tildado de loco por perseguir un sueño que los demás consideran imposible.
Había una vez un idiota que, de tanto observar a las gaviotas, le brotaron las alas de su antojo y se fue por las nubes en un cojo. Los sabios, como siempre, se rieron, y entre todos los sabios concluyeron: "El idiota no sabe lo que hace, no se ajusta a las leyes de su clase". Pero el idiota, ajeno a los comentarios, volaba por los cielos solitarios, y el sol le daba besos en la frente mientras abajo hablaba toda la gente.
No es tonto aquel que busca su destino, ni idiota el que se inventa su camino, sino aquel que, por miedo a la caída, se queda sin volar toda la vida.