Análisis de la obra: Esta escena captura la esencia de "Callejero", de Alberto Cortez. Inspirado en Fernando, un perro vagabundo real que vivió en la ciudad de Resistencia en la década de 1950, famoso por asistir a conciertos, tertulias y ser un personaje ilustre de la ciudad. Muestra a ese perro que cruzaba la calle con la alegría de quien se sabe libre; siendo un compañero fiel de los juegos del barrio, pero sin pertenecer a nadie más que al viento. El dibujo refleja ese instante de juego y vitalidad, recordándonos que, aunque nació entre nosotros, su hogar siempre fue la vereda y su destino el camino.
Era callejero por derecho propio. Su filosofía de la libertad fue ganar la suya sin atar a otros, y sobre los otros no pasar jamás. Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño que condicionara su razón de ser. Libre como el viento era nuestro perro, y nuestro el orgullo de verlo correr. Era un callejero con el sol a cuestas, fiel a su destino y a su parecer; sin tener horarios para hacer la siesta ni rendir cuentas al amanecer.
Era nuestro perro y era la alegría que de vez en cuando viene a alborotar a los niños de siempre de la calle mía, y sobre sus pasos volver a empezar. Era de los niños y del viejo Pablo, al que rescataba de su soledad. Digo "nuestro" porque lo que amamos lo consideramos de nuestra propiedad; pero era nuestro perro y no era de nadie, porque a todos daba su pequeña fe. Un pedazo de alma a cada transeúnte que lleva un perro detrás de la piel.