Esta obra presenta un retrato masculino con una simetría bilateral casi perfecta, lo que le confiere un aire solemne y meditativo.
Destaca el uso de un amarillo vibrante para la piel, que contrasta con los ojos de un azul penetrante y el cabello oscuro trazado con líneas finas.
La vestimenta en tonos turquesas suaves y el fondo blanco minimalista enfocan toda la atención en la expresión serena del rostro, sugiriendo un estado de iluminación o paz interior profunda.