Esta imagen muestra un rostro humanoide con características físicas que recuerdan estrechamente a una rata.
Se observa una nariz alargada y ojos pequeños y redondos que evocan la fisonomía de un roedor. La textura de trazos discontinuos en color marrón sugiere un pelaje áspero, mientras que el tono amarillento de la piel refuerza una estética cruda y visceral.
La obra explora la frontera entre lo humano y lo animal de una manera directa y poco idealizada.