En esta obra, que nace como una evolución a color de un dibujo previo realizado en tinta china, el artista nos sitúa sobre el puente de Beniel. Utilizando las dos imponentes columnas de marcada textura pétrea para enmarcar la escena, la aplicación del color consigue resaltar de forma vibrante el paisaje natural. El contraste de los verdes del prado y el sombreado original con la sutil paleta de tonos pasteles del cielo realza la belleza del curso del río Segura, capturando una atmósfera contemplativa de profunda tranquilidad rural.